domingo, 13 de mayo de 2012

Los comerciantes andinos y una mirada (parcial) de futuro.

Tengo que conseguir la investigación sobre las redes comerciales aymaras, capaces de llegar a China y comerciar con los asiáticos:


El coordinador de la investigación, Nico Tassi, explicó que en este trabajo se han identificado tres temas centrales: la realidad macro económica y política, el auge de comercio cholo y algunos cambios socioeconómicos en las ciudades intermedias.

Según el investigador, “Bolivia se ha transformado de un país enclaustrado a ser el centro de redistribución de las mercancías a toda la región”. “Pero también se ha visto que los comerciantes están logrando entablar relaciones comerciales con consorcios familiares chinos en Shangay. Y tienen sus hijos que estudian en estas regiones y que tienen allá pequeñas empresas, trabajando como intermediarios con los comerciantes bolivianos que viajan a China”.

La investigación es importante ya que muestra la capacidad comerciantes de la burguesía chola radicada en El Alto.

Tengo como inquietud personal, colaborar en el relato y añadir la sexta filé del año 2066, la federación andino-amazónica, que luego de la caída de los precios de la coca y derivados en el 2020, debido a la irrupción y abaratamiento de drogas sintéticas empezó a cambiar su modelo productivo basado en la bioingeniería y el software.

Para empezar a construir el futuro hay que empezar a soñarlo.

-- Actualización 14-05-2012 10:45 --

Encuentro esta crónica "La China invisible" de Ariel Wilkis y Sebastián Hacher, que narra las peripecias de los comerciantes andinos:


A María le costó imaginarse la escena. Media hora más tarde, cuando los perseguidos llamaron para decir que habían perdido a la patrulla policial, María ya no pensaba en su espalda maltrecha, o en el conejo que temblaba de dolor en el piso del consultorio: pensaba en si esta bruja tan efectiva sería capaz de llevarla con sus conjuros hasta la misma China.

-Ir allá. Ese es mi sueño.

Eso confesará después, porque ese día no tuvo la valentía suficiente para preguntarle a la bruja si era un buen proyecto o no. Ese día María prefirió el silencio, tal vez porque temía un dictamen negativo que marcara sus planes con un sello oscuro.

-China, mi sueño- repetirá como quién suspira por una estrella de cine inalcanzable-.

Si voy allá tengo que vender todo: mi casa, mi auto, los puestos de la feria. Es todo un riesgo. Y allá tengo que comprar veinte contenedores de mercadería, con cinco mil cajas cada uno. Un montón. Si sale bien me salvo. Si sale mal, me quedo sin nada.


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